Crónica SR Grediana (Patricio Doucet)

Crónica SR Grediana (Patricio Doucet)

by Patricio Doucet.

patricioEl pasado domingo día 15 de junio, a las 18:00 horas, comencé uno de los retos más duros que he hecho en bicicleta,  la Super Randonnée L’uai Grediana, en solitario.

620,6 Km de recorrido por las provincias de Madrid, Ávila y Toledo,y 10.040 m de desnivel acumulado en ascensión, todo eso con un máximo de 50 horas para llevarla a cabo y 13 importantes puertos de montaña por delante.

Cuando le cuentas esto a alguien piensa que es una barbaridad, pero no se hacen a la idea realmente de lo largo y duro que es un trayecto así, ni siquiera yo imaginaba lo difícil que iba a ser. Estamos acostumbrados a medir las distancias desde la perspectiva de conductores de automóviles, y unos pocos cientos de kilómetros, una pendiente más o menos pronunciada, pueden parecer casi inapreciables. Pero la diferencia de hacerlo en bicicleta requiere un planteamiento completamente distinto.

Estaba tan ilusionado por empezar la prueba, que tampoco le dí demasiada importancia a las pautas que me dio el organizador, José María Campos, quien ya me advirtió de la dureza de la prueba y de los inconvenientes que podría encontrar a lo largo del  recorrido, que dicho sea de paso, yo ni me había planteado.

Las primeras horas fueron sencillas, estaba eufórico y era el principio.  Viví y disfruté de las diferentes tonalidades del cielo al atardecer, los paisajes… En los tres primeros controles, todo fue muy sencillo: sólo hacer la foto de localización y rellenar el carnet de ruta.  A las 22:42 llegue al control nº 4 en las Rozas de Puerto Real, con 84 km recorridos, Me encontraba fresco y no notaba la dureza de los primeros kilómetros. El tiempo pasaba bien, disfruté del paisaje, incluso iba escuchando el partido de Argentina en el mundial, acompañado de una luna y un increíble cielo estrellado.

Ya en Toledo, y antes de encarar el primer puerto (El Pico – 1.391m), hice un breve descanso en Talavera de la Reina (control 4, km 154,9). Eran algo más de las 3 de la madrugada y el termómetro marcaba unos agradables 15 grados. Al llegar a la cima, empezó a amanecer. En pocos metros, bajando el puerto, la temperatura bajó bruscamente hasta los 2,5 grados. Pasé frío, mucho frío a pesar de que iba abrigado. Pero continué y a eso de las ocho de la mañana, paré en el control nº 6 (Hoyos de Miguel Muñoz) a desayunar y reponer fuerzas.

Toda la mañana rodando por la provincia de Ávila, parando en Serranillos (control 7), subiendo los puertos de Serranillos (1.575 m)  y Pedro Bernardo (1.244 m) sin demasiada dificultad. Foto y carnet en el control nº 8, y a seis kilómetros paré a comer, muy bien por cierto, en Casavieja.

Llevaba 18,26 horas y 301,5 km recorridos, prácticamente la mitad del recorrido.

El calor apretaba fuerte, y opté por descansar una hora a la sombra. Alrededor de las 19:30, culminé el quinto puerto del recorrido (Pto de Mijares – 1.570 m) con sol pero un viento frío. A las diez de la noche paré y repuse fuerzas rápidamente: quería subir el séptimo puerto (Pto. La Paramera – 1.412m) y después parar a dormir unas tres o cuatro horas en el pueblo del El Barraco. Me costó mucho subirlo, el frío era intenso y el cansancio pasaba factura a mis piernas y a mi cabeza. Comer, beber y descansar era vital para poder continuar.

En el amanecer del día 17 de junio, me tocó bajada hasta el siguiente control. Eran las algo más de las cinco y media de la mañana. Llevaba 434,95 kilómetros y el cansancio acumulado se notaba. Doce kilómetros más adelante, paré a desayunar en Cebreros, donde tuve que esperar a que abrieran un bar para devorar varias magdalenas y dos cafés con leche muy calientes. Y ¡de nuevo a encarar otro puerto!

El cansancio y el agotamiento ya son compañeros permanentes de viaje. Pasadas las ocho y media de la mañana, llego a la cima, cumplo con la rutina de rigor: foto y carnet.

Lo que esperas al subir un puerto, sobre todo después de llevar más de quince horas montando en bicicleta, es la recompensa de una buena bajada. Pero lo que me encontré fue con un corrosivo y agotador recorrido hacia arriba, de sube y baja, que me hundió moralmente tras 464 km en el cuerpo. Me paré a la sombra de un árbol. Tenía que recapacitar, decidir si continuaba o no. Estaba totalmente agotado, exhausto y hundido, y tomé la decisión de no continuar. Llamé al organizador para comunicarle mi retirada de la prueba. La charla con él, que me dijo que lo más duro ya había pasado, que era una pena no terminar y que siguiera adelante, y el peso de pensar en toda mi gente que me apoyaba y a la que no quería defraudar, fue algo que me hizo recapacitar y cambiar de opinión.

Bajé al pueblo de San Bartolomé de Pinares, comí lo que quise y descansé lo necesario. Mi perspectiva cambió: llevaba hechas más de las dos terceras partes del recorrido. ¡No podía abandonar a falta de 150 kilómetros!

Aún tenía por delante 5 puertos de montaña y 6 puntos de control incluida la llegada. Pero mi actitud era diferente, positiva, pero con los pies en la tierra.  Con la cuenta atrás en el kilometraje, seguí descontando metros, tomando las subidas con calma y cogiendo velocidad en las bajadas o el escaso llano que encontré entre ellos.

Dejé de informar por el móvil de los sitios por los que iba pasando. Tenía el tiempo justo, no podía perder un segundo. Entre los controles 13 y 14 recibí una llamada de mi madre desde Argentina y tan apurado iba que le dije ‘Luego hablamos’ y colgué.

De nuevo en la provincia de Madrid, a las 15:42 culmino el Pto de Robledondo (1.410 m) y, al ser también punto de control, rutina de foto y carnet a velocidad del rayo. A las 20:00 horas finalizaba mi tiempo máximo para acabar el recorrido, pero mi cambio mi actitud hacía que le diera fuerte a los pedales. Ví con claridad que lo podía conseguir. Tenía que llegar.

A falta de 70 km, control visible y por sorpresa de la organización. Paré un rato, charlé con Jose María Campos y con ánimo retomé el camino. Paso el Alto de las Navas del Marqués (1.325 m) y el Alto de la Cruz Blanca – El Mojón (1.067 m). Cansado y con ganas de bajarme de la bici, pero aprieto fuerte: si me descuido no llego a tiempo. Es el último apretón.

A las 49:51 horas llego al último control en Boadilla del Monte. ¡!A falta de nueve minutos para cumplir el plazo máximo!!. La emoción y la alegría son enormes, no se pueden describir.

Estoy muy contento con el resultado. Llegué razonablemente entero, a pesar de un desnivel acumulado de más de 10.000 metros, ráfagas de viento en contra en muchos tramos del recorrido y cambios importantes de temperatura. Fueron 49:51 horas de ruta en solitario, con 18 paradas y 13 puertos de montaña como trece soles. Todo es susceptible de mejorar, pero estoy muy satisfecho, ha sido una experiencia muy gratificante y plena.

Quiero aprovechar la ocasión para agradecer a todos los que me apoyaron durante el camino: a José María Campos, porque en el peor momento del recorrido sus palabras fueron claves para mí, a mi familia y amigos que me han apoyado durante estas 49 horas. Y también a mis sponsors y amigos: Hotel VIK San Antonio (Lanzarote), UCPA Canarias, Tripasión, Ocean & Sports, y por supuesto a mi queridísima Asociación Tiguanfaya.

Siento que con esta Super Randonnée L’uai Grediana, estoy algo más preparado para graduarme en mi próximo reto: el UltraMan UMUK 2014, un evento de triatlón de ultra-resistencia celebrada en Bala, País de Gales en la segunda semana de septiembre de 2014.

Bueno, basta de charla y a ¡entrenar de cara al UMUK 2014 de septiembre!

Muchas gracias a todos.

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